viernes, 1 de octubre de 2010

A dónde quedó el encanto por las cosas simples?

Hoy mientras un amigo me hablaba de su nuevo smart(i)phone, y recordando la bulla que metí cuando me compré el mio, caí en cuenta del gran valor que le otorg(o)amos a cosas que en verdad no lo tienen.

Una vez me fui de viaje y en mi casa me decían con algo de ironía... "cómo lo vas a hacer sin computador y sin internet??...", aludiendo a mis eternas tardes y noches conectada al equipo. Bueno, la verdad es que lo que viví viajando me hizo olvidar esta seudo dependencia, aunque obviamente al tiempo después cuando subí fotos, sí estaba bastante preocupada de si me las habían comentado o no.

Siempre he pensado que los objetos deberían existir para ayudarnos a realizar sueños y ser felices... no ser la felicidad en si misma... son sólo una herramienta... pero el no tenerlos no debería ser la clave a la frustración... no va a cambiar nada en mi persona por poseer o no determinados objetos... no voy a ser mejor, ni más atractiva... ni más poderosa... sólo voy a ser yo con un elemento extra... es decir, con un accesorio.

Ese es mi norte y espero no perderlo nunca, porque francamente remaría hacia el lado opuesto a mi esencia.

A lo que voy con esto, es a que muchas veces tanto estímulo, tanto fuego artificial y tanto aparatito maravilloso, hace que llenemos nuestra vida de material efímero, intrascendente, y lo que es peor, nos ceguemos a lo realmente importante.

Cada cierto tiempo me cuestiono cosas, hoy por ejemplo, al caminar me salí de mi y vi el entorno como si lo estuviera filmando, centrándome en cosas particulares que me llamaran la atención y "grabándolas" en mi disco duro. Caminaba entre la gente que se agolpaba revisando mercadería de vendedores ambulantes, entre tanto paño en el suelo, vi colores, formas y brillos, esas imágenes maravillosas se iban registrando... valoré el lugar dónde trabajo, su ubicación, y el entorno se me hizo exquisito... estaba lleno de imágenes urbanas que en el día a día no logro captar, porque camino con la mente nublada por el hambre, el frío o la pena... pero hoy no...
disfruté un cafe y un pastel delicioso y luego me fui a caminar...

Otras veces un viaje en bicicleta llena mi mente de hermosas imágenes... adoro ver caer las hojas en otoño... los ojos de mi sobrino cuando sonríe... la textura de mi pelo... la calidez de un beso...

Si me preguntan qué me hace feliz, en verdad... darme cuenta de lo afortunada que soy de poder ver el valor de las cosas más simples pero a la vez más hermosas... de poder cambiar el chip de la inmediatez, de poder bajar de la rueda que nos lleva como caballito hacia lugares a los que no nos detemos a pensar si es que realmente queremos estar ahi o no...

A veces lo simple resulta complejo, y lo que aparenta ser superficial es más profundo. Necesito estas instancias de frenado en seco, de decir, ok, esto es lo que quiero, esto es lo que soy y esto es lo que voy a hacer... y disfrutarlo realmente...

Esto me llena mucho más que las cosas que adquiero. el smartphone lo ocupo pa congelar momentos, grabar episodios, jugar, chatear, navegar... un par de veces aplico gps y a veces, hablo con alguien... me gusta tenerlo, pero no moriré si no lo tengo más... me ayuda, pero no es fundamental... es un objeto entretenido, nada más... y me gusta que así sea... el objeto en el lugar de los objetos... los sentimientos y las personas primero... así debe ser...

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